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Palacio de la Condesa de Lebrija.

Patio principal. Palacio de Lebrija. Sevilla.

Aprovechando el tiempo libre que tenía el grupo de americanos que guiaba por Sevilla, decidí visitar este famoso palacio.

Por supuesto, sus tesoros me llamaban la atención. Sin embargo, fue la historia de la persona que había detrás, la Condesa de Lebrija, lo que más me impactó.

María Regla Manjón y Mergelina, condesa de Lebrija.

La Condesa de Lebrija. Palacio de Lebrija. Sevilla

Regla Manjón y Mergelina nació en Sanlúcar de Barrameda en 1851 en la residencia familiar situada en el Pradillo.

Sus padres Pedro Manjón y Fernández de Valdespino y Leona de Margelina y Gómez de Barreda pertenecían a familias de rancio abolengo. Su padre desempeñó los cargos de senador, diputado a Cortes y alcalde de Sanlúcar.

Regla pasó su infancia entre su Sanlúcar natal y frecuentes estancias en Madrid.

Tras su boda con el sevillano Federico Sánchez Bedoya en 1895, Regla se establecería en la capital andaluza. A pesar de ello nunca dejó de frecuentar Sanlúcar. Su marido fue persona de amplia cultura e importante fortuna, muy admirado a la par que querido por sus paisanos sevillanos.

Federico era capitán del Real Cuerpo de Artillería. Tras el triunfo de la revolución de 1868 abandonó la milicia.

Restaurada la dinastía borbónica, inició una brillante carrera política adscrito al Partido Conservador de Cánovas del Castillo. Fue diputado a Cortes por Sevilla, vicepresidente del Congreso de los Diputados y gobernador civil de Madrid.

Desgraciadamente, Regla quedó viuda y sin hijos muy pronto, en 1898, debido a una fulminante e inesperada enfermedad de Federico.

A partir de aquí, Regla se convierte en una mujer comprometida con la cultura, problemas y carencias de la sociedad hispalense. En ellos volcaría su energía y su fortuna.

Comprometida con las labores sociales

La Condesa de Lebrija.

Además de su pasión por el arte y las antigüedades, su otra gran pasión fue la labor social.

A su llegada a Sevilla, Regla estuvo especialmente volcada con los niños abandonados, a los que construyó una casa-cuna acorde a los nuevos tiempos. Para ello, cedió para este fin su finca Huerta de San Jorge sobre los que levantó un edificio regionalista para la atención de niños expósitos.

Del mismo modo, se implicó activamente en la educación a los hijos de las familias sevillanas más desfavorecidas. Estas le granjeó el reconocimiento como Hija Adoptiva de la ciudad de Sevilla.

Además, contribuyó a la fundación del sanatorio antituberculoso de El Tomillar en Dos Hermanas, y se preocupó de la adecuada atención hospitalaria de los soldados heridos en la guerra de África. Por estas actividades Alfonso XIII le concede la Gran Cruz de Beneficencia en 1921.

En el ámbito cultural, fue nombrada en 1918 miembro de la Comisión de Monumentos de Sevilla. Igualmente fue elegida académica de número de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Regla fue la primera y única mujer en formar parte de esta institución sevillana en muchos años.

Otra distinción llegó un par de años más tarde cuando fue reconocido su nombramiento de académica en Sevilla de la Real Academia de San Fernando.

Su vejez la quiso disfrutar entre los ejemplares de su biblioteca, sin embargo, una lesión ocular le impidió ejercitar su gran pasión lectora.

Finalmente, falleció en el palacio sevillano que con tanto cariño y dedicación había reconstruido en 1938 a los 86 años de edad.

En la actualidad, el palacio sigue perteneciendo a los parientes de la condesa. Ellos son los encargados de seguir la labor de la fundación que María Regla creó.

La Casa de Lebrija.

El objetivo de la adquisición de esta propiedad en 1901 fue convertirla en el lugar donde conservar su colección arqueológica, su archivo y su biblioteca. La rehabilitación del palacio renacentista le ocupó trece años, cuando ya era Condesa de Lebrija, pues Alfonso XIII se lo concedió en 1912.

El patio central de la planta baja veraniega lo decoró con un gran mosaico del dios romano Pan, originario del anfiteatro de Itálica. Las salas y galerías pavimentadas con mármoles romanos, los revistió con estatuas, brocales de pozo y capiteles adquiridos a lo largo de los años. Además, sus numerosas vitrinas exponen piezas romanas, grecorromanas, árabes, persas y chinas.

En la planta alta de uso invernal, instaló la biblioteca, una capilla y salones. En ellos se recoge una colección de arte con interesantes pinturas de Van Dick, Bruegel el Viejo o la escuela de Murillo.

Como ves, el palacio sevillano de la Condesa de Lebrija es un lugar de obligada visita. Si quieres conocer la capital andaluza y necesitas guía, déjamelo saber en el apartado «contacta» y diseñamos la ruta. Gracias.

Carolina

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