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Lo que fue y lo que hoy es el Paseo de la Victoria.

Muy reducido por la carretera nacional IV y la construcción de un instituto de bachillerato su aún magnífica arboleda, restos de bancos y parterres nos hacen vislumbrar la grandeza de este espacio en el pasado.

No ha sido hasta el momento en el cual tuve que acudir a este lugar portuense todos los días durante una semana para recoger y dejar a un grupo que ha disfrutado de la provincia gaditana alojados en un cercano hotel, que puse mi mirada en el lugar y me entró la curiosidad por investigar sus orígenes.

Hoy en día, este espacio tiene forma triangular, ocupa unos diez mil metros cuadrados y se observan dos zonas:

  • El paseo, que acoge una alineación de árboles, bancos y parterres.
  • El parque, la zona más extensa.

El acceso al mismo se hace tal como se hacía antaño, a través de cuatro columnas situadas a lo largo del paseo coronadas por estatuas de hermosas damas de corte clásico que representan las cuatro estaciones del año.

La creación del conjunto.

Con respecto a su localización, el paseo se encuentra cerca del Monasterio de la Victoria, conocido como antiguo penal; por lo que podríamos afirmar que este lugar lo ocupó inicialmente el parque y la huerta de dicho Monasterio.

Lo que fue.

Durante las calurosas tardes y veladas portuenses, el parque era el lugar idóneo para pasear y recrearse.

A finales del XVIII los jardines comenzaron a estar presentes en las casas de las personas más adineradas para estar en contacto directo con la naturaleza.

Este espacio proporcionaba a todos los habitantes y visitantes la posibilidad de pasear por la zona arbolada y deleitarse con el perfume de sus flores aromáticas, sentarse a descansar en sus numerosos bancos decorados con azulejos polícromos y forja con diversos motivos, caminar bajo las vides que se entrelazaban por un pasillo construido a base de hileras de hierro, escuchar el sonido del agua emanando de sus diversas fuentes, norias y estanques…

El recinto constaba de un kiosko de bebidas con mesas atendido por cinco camareros y un pianista que amenizaba las veladas veraniegas. También había una caseta de madera con tejas, conocida como el Ventorrillo de las Delicias, donde se podían adquirir agua, panales (azucarillos) y aguardiente.

Otros edificaciones eran la casa del jardinero, la casa del guarda, la «Caja de Aguas» donde terminaba el recorrido que traía las aguas desde el manantial de Sidueña (entre Jerez de la Frontera y la ciudad) y la ermita de los Caminantes.

La Ermita.

A instancias de unos agentes aduaneros se construye esta pequeña edificación para cobijar a la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción que sufría los estragos del vandalismo.

Capilla de tipo popular reducida, de planta cuadrada y cubierta abovedada. En su día, la reja que cercaba el pequeño recinto, permitía al caminante observar el retablo neoclásico presidido por la imagen de la Inmaculada, allí permaneció hasta finales del XIX cuando tras su restauración pasó a una de las iglesias de la ciudad.

Aún así, la capilla sigue guardando cierta importancia, sobre todo para los peregrinos que marchan cada año al Rocío.

Quedará en el recuerdo…

En las memorias de los portuenses seguirán vivas las veladas celebradas en este lugar de ensueño durante la Feria del Ganado y la festividad de la Virgen de los Milagros, la velada de la «septembrina.» 

Carolina

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