El Magnolio

Árbol del Magnolio, calle Consistorio. Jerez de la Frontera.

¿De dónde proviene?

La procedencia de este magnífico árbol es del sur de los Estados Unidos, así como algunas especies de Asia. Sus espectaculares flores blancas se desarrollan en la primavera.

El nombre

Su nombre honra a su descubridor, un botánico francés llamado Pierre Magnol, quien fue director del jardín botánico de Montpellier. Además de esta especie, a Pierre se le atribuye el descubrimiento de más de 2.000 entre finales del siglo XVII y principios del XVIII.

El árbol y su flor

Se trata de un árbol grande y robusto, de brillantes hojas verdes y grandes flores blancas con aroma penetrante, usada tanto en perfumería como en herboristería por sus propiedades medicinales. Los colonos españoles la usaban para dar fortaleza a sus cuerpos y estómagos, además de para calmar sus nervios.

Para los animales, la flor del magnolio es muy sabrosa.

La robusta madera de su tronco es usada también en ebanistería.

Su fruto es similar a la piña, de pequeñas semillas abundantes.

Simbología

La flor del magnolio representa nobleza, respeto y dignidad.

Cuentan que…

  • En Asia la flor sólo estaba presente en el jardín del emperador. Se dice que cuando éste la regalaba, la persona que la recibía era muy respetada por él.
  • En América los nativos caían en profundo sueño al oler el intenso aroma del magnolio.

Y en Japón…

Hace mucho tiempo, en una región japonesa, había un noble señor a quién le apasionaban las plantas florales, pero muy en especial las magnolias. Desde pequeño, Hikari, cuyo significado es «luz», había aprendido de su padre el arte de cultivar las plantas de manera que dieran las más hermosas flores.

La fama de la belleza de su jardín se hizo eco en toda Japón y comenzaron a visitarlo personas de todos los rincones. Durante el paseo, los visitantes observaban como Hikari dedicaba todas las horas del día al cuidado de las plantas, especialmente las magnolias, sus flores preferidas, con las cuales pasaba más tiempo y conversaba con ellas con el mismo cariño con el que lo hacía con sus seres queridos.

Tras 80 años sin faltar a sus labores, llegó el día en el que Hikari no acudió a su cita diaria con sus magnolias, y después de unos días ausente, en un atardecer, las magnolias se transformaron en hermosas damas dispuestas a encontrar a la persona que había dedicado su vida a ellas. Juntas recorrieron el jardín, pero no lo hallaron. Entristecidas, decidieron buscarlo dentro de la casa.

El anciano jardinero yacía en su cama, sin fuerzas y con la respiración débil y entrecortada. Las magnolias se acercaron y rodearon a Hikari para devolverle todo el cariño, la luz y la ternura que él les había profesado. Sabían que el tiempo que tanto disfrutaban juntos llegaba a su fin y las magnolias prometieron a su cuidador que nunca se separarían de él.

El amor de las magnolias iluminó el rostro de Hikari, y sonriendo, entró en el sueño eterno, complacido y feliz por la labor que le había mantenido ocupado todos los días de su vida.

A la mañana siguiente, como de costumbre, comenzaron a llegar los visitantes para pasear por el jardín y al llegar al rincón donde esperaban ver a Hikari conversando con sus mimadas magnolias, no podían salir del asombro al comprobar que las flores se habían marchitado y estaban completamente secas.

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